«LA GENTE QUIERE VIVIR»

La noticia del fallecimiento de Alberto Sonsol sacudió a toda la comunidad uruguaya.

Periodista deportivo, se consideró el mejor relator de basket de la historia de nuestro país y desde hace un tiempo se constituyó, esencialmente, en un notable comunicador .

En las últimas tres décadas consolidó un estilo propio, una voz referente en la comunicación deportiva, una personalidad singular en la televisión que crecía en la polémica superando las fronteras del juego con pelota.

Se marchó en la «cresta de la ola», asomaba por todos lados, ya que sus servicios eran permanentemente solicitados en diversos programas, justamente por lo que generaba.

Este fue un final de jueves triste. El Covid se llevó a una cara reconocida, que duele mucho, como deben doler las demás que han partido.

En lo personal le hice algunas notas, pero lo que más recuerdo fue un cruce en la Copa del Mundo de Brasil, en el mítico Maracaná.

-«Se para el mundo con el Mundial», coincidíamos, satisfechos, en la tarde carioca.

Lo voy a recordar riendo y auténtico, con esa mirada de particular brillo.

También con su frase que eternizó por estas horas : -«La gente quiere vivir».

Hasta siempre.

A continuación compartimos una entrevista que no hace mucho el Semanario Voces le realizó, que pinta claramente su andar por la vida.

Alberto Sonsol: Los periodistas que arrancamos de abajo nos animamos a cualquier cosa

  • En los últimos tiempos es tan mediático como polémico y decidimos encararlo. No tenía ni idea de nuestra existencia, pero igual agarró viaje para la entrevista. Durante noventa minutos lo hicimos correr por toda la cancha y acá esta la charla. Te podrán gustar o no sus opiniones, pero como dice su amigo: “Es lo que hay valor”.

Por Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

¿Cuántas horas laburás por día?

No puedo decirte una cantidad exacta. A veces muchas, a veces pocas. Depende de los programas. Hay un laburo que es al aire, en la radio, la tele; otro es invisible, con la parte de producción comercial, con los clientes, vender y cobrar. Ahí está mi mujer, también, además de mis hijos. Es una empresa familiar.

Hacés laburar a todo el mundo, en definitiva.

Salvo mi hija.

Es la única inteligente.

Pero también, porque maneja las redes sociales.

Tus enemigos dicen que cuando te echen de todos lados se termina la desocupación en Uruguay.

Es una cosa rarísima. Te relajan por laburar. Si yo afanara o delinquiera, estaría bien. Pero como laburo, está mal. Es tan elemental que hasta un poco de vergüenza me da. Hasta mi hijo chico me dice que por algo me llaman.

¿Por qué te llaman?

Por algo me llaman. Hay algo que seduce a los empresarios, a los dueños de los medios. Por algo me llaman. Hay cosas a las que no me podrían decir que sí, y me dicen que sí. Si un tipo se para hoy en Canal 10, líder absoluto en audiencia, en Polémica en el Bar, y se va a las diez menos diez a otro canal a hacer otro programa que no tiene nada que ver, y el canal lo autoriza, es algo llamativo. Se lo dije de entrada a los tres gerentes, que les agradezco, pero no puedo. Yo tengo un hijo que se llama La Hora de los Deportes, desde hace treinta y cinco años, y a las diez de la noche del domingo yo tengo que decir: “Buenas noches”. Me dicen que quieren que yo esté. Y yo quiero, me encanta, les agradezco, pero no puedo. Tengo otra relación con gente que conmigo se ha portado de una manera ante la que sería incapaz de decir: “No voy más”. Y lo nombro puntualmente: es Pedro Abuchalja. Pero me insisten. Les digo que la única manera es: diez menos diez, esté donde esté el lío, yo me paro y me voy. “Hecho.” ¿Cómo puede suceder? La lógica es que te digan que no. Después surge La Peluquería, ¿por qué a mí? No soy esto ni lo otro, soy un tipo que…

Sos un artista, no te hagas el humilde.

Yo no me preparé, yo tengo la universidad de la calle. Lo que siento es que hablo en un idioma para doña María y don José, como digo yo, y que digo lo que pienso. No le agrego ni tuco, ni mayonesa ni kétchup ni nada. Digo lo que siento y mucha gente se identifica. Si me decís un lugar, pero está Tenfield, Canal 10, la radio… Algo hay. No me preguntes qué es, porque no sé. Pero hay algo.

Treinta y cinco años. ¿Por qué explota hace poco esta faceta en que todo el mundo te quiere?

Practiqué mucho deporte de pibe.

Eras medio tronco.

No tanto.

Los que saben dicen que sí.

Ojo, nunca hice deporte profesional. Son dos cosas distintas. Llegué a jugar en el Primero de Atenas, pero era el once o el doce. Salía a la cancha. Jugué en el Palacio Peñarol.

Moglia te puso de lástima.

Jugué de once o doce, no importa. Estaba ahí, que te la saque Ben Casey. Para mí, como hincha de un cuadro de barrio, era tocar el cielo con las manos. Jugué mucho fútbol, no profesional pero de salón. Eso me hizo adquirir el amor por el deporte. Y de golpe empiezo a descubrir que me gusta el periodismo, y que dentro del periodismo me gusta el relato. Pero siempre como algo que veía de lejos. Yo arranqué con veintisiete años en esto, después de dar vueltas por el mundo. “Es esto”, dije un día, y ahí canalicé toda mi energía y mi entusiasmo.

¿Por qué no estudiaste? De pelotudo, nomás.

Era una época muy conflictiva en el Uruguay. Terminé en plena dictadura. No sabía ni qué quería, como todo pibe, aunque hay algunos que se enfocan antes. Eso es muy importante. Para mí el enfocarse, y con eso me refiero a saber claramente cuál es tu objetivo, es muy difícil a esa edad. Y todavía en dictadura. Te estoy hablando de los años 74, 75. Una facultad estaba cerrada, la otra tenía límite de cupo, la otra no sé qué. Terminé el bachillerato, normal, sin ser ninguna luminaria, y empecé a laburar.

Con tu viejo.

Laburé con mi viejo, y por la mía. De todas maneras. Viajé al exterior. Mi papá era representante de maquinaria vial. Esas máquinas que nadie ve en ningún lado, las que están en las carreteras. Cuando van a poner el asfalto o el hormigón en las carreteras, las ves. Y los líderes en eso, en aquel momento, eran los ingleses. Mi viejo representaba maquinaria inglesa, y yo viajé a Inglaterra, a la ciudad de Leicester, curiosamente, que después salió campeón de la Liga pero que cuando yo fui estaba en sexta. Te estoy hablando del año 79. Yo tenía veintiún años, y estuve seis meses en Inglaterra, fábrica allá, fábrica acá. Fueron todas vivencias. Yo era muy rubio, no era sudamericano. Era un inglés más. Hoy estoy canoso, pero de pibe era flaco, rubio y de pelo largo. Eran quinientos tipos y yo era uno más. Nadie me decía “el sudaca”.

Hablabas bien inglés.

Correcto, pero nada al lado de lo que hablaban ellos. Tengo cada cuanto que te morís. Yo estudié inglés acá, en los lugares en que estudia cualquiera. La Alianza, el Anglo. “Con el inglés que tengo y el liceo, me voy para allá”, pensé. Y cuando llegué no entendía nada, literalmente. Todo eso te marca, te obliga. Estuve en la fábrica, y vi desde que llega el pedazo de acero hasta que sale la máquina terminada, para aprender y después volver a Sudamérica y representar a esas empresas no solamente en el Uruguay sino en toda América. Pero después la vida… En el año 82 vino la tablita, y se deshace Sudamérica. Uruguay, Argentina, Brasil. No se vendía un tornillo. Tuve que buscar por otro lado. Puse una empresa de decomisos de Aduana.

Ibas a comprar a los remates.

No, iba a comprar lo que la Aduana les sacaba a los bagayeros, y después lo vendía con papeles. Iba a las Aduanas de Río Branco, Chuy, Rivera. Nescafé, chocolate Garoto. Me daban una hoja de compra legal. Con eso venía a Montevideo y le vendía al mismo bagayero, pero con factura. Por decir algo, el bagayero me compraba doce frascos de Nescafé, con papeles, y traía doscientos. ¿Viste cuando la buscás y la peleás, por acá y por allá? Hasta que un día no daba para más. En el año 84, con veintiséis años, me fui a vivir a Israel, a donde un montón de amigos se habían ido. Pero todos universitarios. El que no era contador era odontólogo o arquitecto. Y yo con la universidad de la calle.

Estuviste diez meses, te aburriste.

No es que me aburrí. Es que busqué y busqué y me dije que aquello no era para mí. Y ahí me enfoqué, en Israel, en una esquina donde había un restorán. “Esto no es para mí, lo mío es el periodismo deportivo. Lo mío es Uruguay, el relato, y voy a dejar mi vida por esto”. Tenía veintisiete años.

¿Por qué Israel no era para vos?

Porque si yo quería hacer eso en que me había enfocado, no podía, porque no conocía el ambiente. Porque no era mi lengua madre. Una cosa es que hables un idioma y otra es que sea tu lengua madre. Mi idioma madre es el español, el uruguayo. Ni siquiera español, te digo más, porque acá hablamos muy mal el español. Está el español, y está el uruguayo y el argentino, que es un desastre. Y ahí desafié todo: kilómetros de distancia, dinero, mis amigos que vivían allá. “Estás enfermo, pedazo de gil”, me dijeron cuando les dije que volvía, como buenos uruguayos. Pero ya lo había decidido, y a la semana me fui. Este tipo de ansiedad muchas veces es bueno y otras veces es muy malo. En este caso fue muy bueno. Aparte, cuando tomo una decisión la tomo solo, hablando y preguntándome solo, y contestándome solo. “¿Es esto?”. “Sí”. “¿Estás seguro?”. “Sí”. “¿Darías por eso lo que no tenés?”. “Sí”. Tenía que irme, ya estaba. Y me vine. El 6 de noviembre del año 84, una fecha marcada a fuego para mí, fue la primera vez que fui a una cancha de básquetbol. No abrí la boca, pero yo sentí que había ido con carácter de periodista. Había ido a acompañar a uno que sí trabajaba, para ver qué era lo que se hacía en esa época, que no es lo mismo que se hace ahora. El partido era en la cancha de Verdirrojo. Había vuelto en agosto y el 6 de noviembre estaba ahí. Por eso es que cuando me contestan cualquier cosa me llama la atención. Me enojo hasta con mis hijos, a veces. Todo lo que querés, lo podés hacer. Todo. ¿Querés ir a la NASA? Vamo’ arriba. Andá a la luna, andá a hacer un curso a Cabo Cañaveral, que te enseñen a subirte a un coso y andate a la luna. Podés.

El sol sale para todos, pero no sale parecido.

Sale, sí. Sale. El tema es que te enfoques. Veo mucha gente que no se enfoca, a la que se le va la vida sin enfocarse. ¿Y qué querés? Yo lo vi, y lo viví. Laburé de cualquier cosa. Nunca me quedé en mi casa esperando que me golpearan la puerta. Esa sí que la defiendo a muerte, al que venga. El sol brilla para todo el mundo. Vos elegís tu camino y tu forma. A algunos les irá mejor y a otros peor, pero la opción está ahí. Está en vos pelearla, tomarla, dejarla. ¿Alguien te tiene que abrir una puerta? Sí, pero a ese mostrale perseverancia, voluntad, entusiasmo. Si te abren las puertas y vos das portazos, entonces no querés nada. Yo fui a hablar con Kesman y le dije que quería hacer básquetbol en Universal. Jugábamos juntos al fútbol en Hebraica. Te cagaba a patadas, pero no importa. A mí me tocás a Kesman y tenés lío.

Los lazos de sangre pesan.

No es un tema de lazos de sangre. Es un tema de ser gente o no. Alberto es gente. Hace y cuida a su laburo, a su familia, y punto. Es amigo de sus amigos. Es bien. Pasa en cualquier otra actividad, pero en el periodismo deportivo lo digo con absoluta claridad, porque me pasó a mí. Hubo gente que me abrió la puerta, y yo se la abrí a mucha gente también.

¿Quién te la cerró?

Por suerte, donde golpeé, me la abrieron. Pero hay algunos que, de repente, están en su mundo y están tan en su ombligo que no miran ni para los costados. Así como Pedrito Abuchalja y Sergio Gorzy, con quien muchas veces tengo diferencias, pero a quien no puedo dejar de reconocer.

Tenés diferencias con todo el mundo.

Está bien. Y voy a nombrar a otra persona, como corresponde, porque fue el primero: Juan Carlos Olano. Tenía un equipo de básquetbol y una radio en la 42. Fui el primero con el que fui a una cancha.

Es un ambiente supercompetitivo, el periodismo deportivo.

Todos los ambientes lo son. El problema es que en el nuestro se hace público en seguida. ¿Te creés que en la Intendencia no compiten? O en los sanatorios. Los abogados, los ingenieros. Lo que pasa es que nosotros, con un micrófono en la mano, en seguida largamos todo. “Se armó lío entre Sonsol y Cotelo o entre Gorzy y Sonsol”, y trasciende, porque tiene una caja de resonancia mucho más grande.

Pero todos los líos son contigo.

Para treinta y cinco años, te diría que he tenido pocos.

Son todos en los últimos tiempos, entonces.

Tener lío, para mí, es romper relaciones con la gente. Después, discutir o polemizar es otra cosa. Es entender el juego. La gente quiere opinión, tiroteo. Si todos decimos lo mismo, nadie nos va a escuchar. Pero no que sea por gusto, sino natural, que se note. Que sea natural de verdad. Yo con Patricia Madrid en Polémica tengo mil diferencias, pero también tengo mil concordancias. Lo que pasa es que, claro, cuando discutimos ella es contestataria y yo también, entonces se arma lindo. A mí me encanta eso.

Te sale el macho de adentro, ¿no?

No entro en esa del género.

Entrás sin darte cuenta.

Para la gente. Para mí, en esto, no hay mujeres ni hombres.

Cuando te ponés colorado.

Me pasa con ella o hablando de fútbol o de básquetbol. Con lo que sea. Me pongo colorado con mi mujer y mis hijos. Es mi forma de ser.

¿No estás caliente como parece?

Puedo estar caliente, pero hay que entender el juego periodístico. El que se enoja, el que se empaca, el que se queda en silencio, el que no habla más, ese no entendió el juego. No es un tema de ser o no buen tipo. Hoy es clave entender el juego. ¿Estamos al aire? Nos matamos. ¿Fuera del aire? Salimos normal. Es lo que la gente quiere. Voy a poner un ejemplo tonto. La gente quiere opinión, de lo que sea. “Señoras y señores, el domingo a las tres de la tarde juegan Nacional y Peñarol en el Estadio Centenario, el juez va a ser Jorge Larrionda, las entradas cuestan cien pesos”. ¿Qué hice cuando dije eso? Nada, informé. Si digo, además, “Para mí gana Nacional”, ahí largaste un tuco, apenas, pero cambia todo. Opinaste. Te van a putear, y está bien. Es lo que la gente quiere.

¿Tenés estudiado de dónde recibir las puteadas, para ir distribuyendo?

¿A esta altura? No…

Curraste un montón de años viendo cuándo ibas a decir de qué cuadro eras hincha.

Jamás. Fue aquello con Etchandi, allá por el 2000, cuando empezó a embromarme. Muchachos, uno puede ser neutral en Tailandia, donde no se conoce nada. Acá en Uruguay, si te metés en el periodismo deportivo es porque te gusta el deporte, y si te gusta el deporte es porque fuiste hincha. Hay un proceso que es muy fácil, sobre todo en Uruguay: te gusta el deporte, entonces intentás practicarlo, y cuando natura te muestra que no das el paso, ahí se bifurcan varios caminos. O te quedás en hincha o arrancás para juez, técnico, preparador físico o periodista deportivo. O dirigente. No hay más. Lo que mamé, lo poquito que sé de básquetbol, lo mamé en Atenas. Siempre fui hincha de Peñarol, por más que con mis hijos íbamos a ver a Nacional todos los sábados con la barra. Los domingos íbamos a ver a Peñarol, y era lo más normal, aunque hoy no se entienda cómo un hincha de Nacional va a ir a ver a Peñarol. Pero era así. El tema central, lo que la gente no entiende, es que el gol, o el doble, es mi mercadería.

¿Cómo?

Un tipo que tiene una empresa de venta de computadoras, ¿pregunta al cliente de qué cuadro es hincha? Les vende a todos, al que venga. Y lo mismo el que vende zapatos o leche. El gol es mi mercadería. ¿A quién se le ocurre que voy a gritar menos un gol de Nacional o uno de Peñarol? ¿Sabés a quién se le ocurre? Al que no logra salir de ese hincha absolutamente cerrado. Yo, con el micrófono en la mano y la cámara prendida, soy hincha mío y de mi familia. Nada más. Cuanto mejor quede el gol de Bergessio o de Orihuela o quien sea, divino, estoy feliz. Me caliento cuando queda mal.

O con un cero a cero.

No, eso lo tomo como parte. Pero hay amigos que me dicen que cómo voy a gritar un gol de esa manera. No entienden. ¿Vendés jeans? ¿Tenés dieciocho locales en los shoppings? No preguntás a quién vendés. Bueno, hermano, yo tampoco.

Tenés una trayectoria larguísima de periodista. En los últimos años se dio una proliferación de Sonsoles en todos lados.

No sé si el tema pasa por un toque de fortuna, pero te lo voy a plantear textual como lo siento y lo pienso. Yo estuve siete años en Canal 12 haciendo los domingos a las nueve de la mañana con Buysan y Jokas un programa de básquetbol. No fueron dos semanas o tres meses, fueron siete años. Y no me vieron.

Es que los domingos de mañana…

No, no me vieron en el canal. Y tengo una relación divina, con un montón de gente. Con Eduardo Radío, por ejemplo, lamentablemente fallecido. Con Restano, también impecable. Pero no me veían. Un día me llamó Martín Villar, el uno de Canal 10. Me quería para Subrayado central. “Hacé lo tuyo, comete las eses, golpeá la mesa, hacé lo que quieras”, me dijo. “Martín, diste con la persona indicada. Si me hubieras pedido otra cosa, te habría dicho que llamaras a otro”, le respondí. Era la primera vez que nos veíamos. Le expliqué algunas cosas que yo sentía. Para el periodista deportivo, arrancar de abajo significa trillar la calle para conseguir un avisito con el que bancar el espacio para poder salir al aire en la radio. Los periodistas deportivos que arrancamos así, como Federico Buysan… Yo me río. Es un amigo. Federico hizo un programa de la farándula. ¿Sabés lo que sabe de la farándula? Verano Perfecto hacía.

Es como vos de política.

Hasta peor. O Sergio Gorzy, que trabaja en Buscadores, un periodístico general. Textual le dije a Martín: “Los periodistas que arrancamos de abajo, y que de alguna manera la sufrimos para poder llegar a un lugarcito, nos animamos a cualquier cosa”. ¿Sabés cuántas veces en mi casa, viendo el programa Salven el Millón del Piñe, me imaginaba cómo lo haría conduciéndolo yo? Estaba seguro que la dejaba así, y se lo dije al dueño de Canal 10.

Serruchando al Piñe

No, lejísimo. Si es un fenómeno. Fue hablando de la vida. Pasaron seis, siete, ocho meses y surge que el canal compra el formato de Escape Perfecto. Martín se acordó de la conversación que habíamos tenido, y me llamó. Estuvimos ocho años. En el 12 no me vieron. No lo critico, pero no me vieron. Y acá, sí. ¿Y qué hice para que me vieran? Nada. Soy el mismo. No me preparé. No es que fui a Harvard o a la Escuela de París. No hice nada.

Pero además sos o fuiste el uno en relato de básquetbol. ¿Te sacan de eso para meterte a filósofo y payaso de televisión?

Yo hoy lo defino como un showman, si me preguntan qué soy, entretengo a la gente. ¿Soy relator? Sí. ¿Soy filósofo de televisión, como decís vos? Sí. ¿Soy humorista? Sí. no soy nada y soy todo. Un showman. Canto, bailo.

No cantás muy bien.

Horrible, todo mal. ¿Pero por qué me llaman?

¿De dónde sacás todas esas ideas peregrinas que largás? Hay cosas frente a las que uno piensa: “¡Qué primitivo!”.

Nombrame una frase y te digo. Hay frases que traté de imponer, porque las siento. “La gente quiere vivir”. ¿Es una genialidad? Lo que pasa es que lo digo de manera risueña. La gente quiere vivir, lo demás es secundario. Después veo si tengo un auto mejor o peor, hijos o mujeres. Primero dejame vivir.

Pero sostener esas cosas medio machistas…

Es que no creo en eso. Creo en la capacidad, no en el género. No me corras con el género. Tengo mil amigos que son unos quesos y tengo mil mujeres que son unas cracks.

¿Considerás que existe la igualdad de oportunidades? ¿Brilla igual el sol para las mujeres?

Brilla para todo el mundo, sí, señor.

¿Por qué ganan menos las mujeres?

Eso es verso. Es un discurso instalado. Tengo un amigo que es cirujano cardíaco, capo del Clínicas. Me dijo que la semana anterior, por concurso, había entrado una chica a trabajar y le había ganado al hijo de un cirujano cardíaco, por capacidad, y que estaban ganando lo mismo. Está instalado un discurso que no es verdad.

En las empresas que vos conocés, ¿cuántas mujeres hay en cargos de dirección?

Seguramente hay que luchar contra eso mucho más.

Hay más mujeres que se reciben en las universidades, y menos en puestos de dirección.

Seguramente hay que luchar contra eso mucho más. Pero la lucha no tiene que ser desde la victimización. Tiene que ser desde un “Acá estoy firme, plantada, y sé lo que quiero”.

¿No se están plantando las mujeres?

Por supuesto. Y llegará un tiempo. Pero la vicepresidenta de la República es mujer. En varios países principales del mundo las líderes son mujeres. ¿Quién es hoy la alemana crack de Europa? Una mujer.

Pero tiene que ser una mujer brillante. El hombre de repente llega siendo un medio pelo.

Lo que pasa es que está luchando contra años de una cultura, de una forma de ser, de vivir. Son cosas que se van consiguiendo, que seguramente yo no veré. Si me apurás, creo en la capacidad y no en el género. Se lo discuto a cualquiera.

¿Y por qué las ves que se están victimizando?

Porque, en vez de desde la victimización, yo lucharía desde la igualdad, desde la capacidad. Eso es lo que digo. “Somos pocas”. Matate para ser más. Lo de que ganan menos es un discurso instalado.

Son casos individuales. Merkel es un caso individual. Hay veintiocho países en la Unión Europea.

La crack de Nueva Zelanda también es mujer. En Taiwán, en Islandia.

A la de Myanmar la metieron en cana.

Acá en América también hubo mujeres liderando, y tan sospechosas como los hombres.

En el periodismo deportivo las mujeres no pican.

¿Por qué?

Porque no las dejan.

No. Mostrá capacidad y te dejan. Tenemos a Ana Inés en Subrayado. ¿Te parece que Blanca Rodríguez no es la dama del periodismo?

No es deportivo.

No te sirve nada. Si te dijera que es deportivo, me decís que no es de cocina.

En el periodismo general se han logrado abrir paso las mujeres, pero el deportivo es el último núcleo machista.

Está apto para todo público. Tenés que demostrar capacidad y conocimiento.

¿No hay mujeres capaces?

Hay. Hay una chica en Argentina, Morena Bernal. ¿La escuchaste nombrar? Esa piba le está pasando el felpudo a varios hombres, y en programas centrales. Tiene veintiún años. La voz, el aspecto, el conocimiento, la forma de expresarse. Todo. Y está con todos los cracks.

Tenés que salir a buscar con lupa a ver dónde encontrás una. Estás diciendo que son poquitas las capaces.

Capaces debe haber un montón. La pregunta es si son perseverantes o si se entregan ante el primer no. Porque si seguís peleando cada vez que te dicen no, de repente al veintiún no, llegás. Pero si te entregás ante el primer no… Hay de todo.

La perseverancia es una cuestión de género, entonces.

Tampoco. También conozco tipos que no lo intentan ni una vez.

En Polémica en el Bar hay una mujer y cinco hombres. ¿No te da una pauta de que hay algo que no está bien ahí?

No.

En la sociedad uruguaya hay más mujeres que hombres, y ahí son cinco hombres y una mujer.

Y hay programas donde son todas mujeres.

Son cosas específicas, de la tarde. Consentidas.

No te sirve nada. En Consentidas son todas mujeres. En La Culpa es de Colón, donde está mi amiga Cata Ferrand, son todas mujeres. No te sirve nada.

Me parece que estás tapando el sol con un dedo. Las mujeres también quieren vivir.

Y que vivan. En la radio el puesto de locutora comercial, que es casi el principal de la radio, lo tiene una mujer. La que vende los avisos es la mejor, y es mujer. Yanibela Curbelo. ¿Sabés lo que es la locutora comercial en una transmisión? Es como el bajo en una orquesta. El esqueleto de la música es el bajo, después viene la batería, la trompeta y lo que quieras. Y el locutor comercial, en una transmisión deportiva, es el que marca. Y con eso vivimos todos. Hace mínimo dos años tengo a Yanibela Curbelo, que es extraordinaria. Me dirás que es la única mujer. Bueno, loco, no te sirve nada.

Vos mismo decís que es la única mujer.

Cada vez que te nombro una, me decís que no.

¿A cuántas más mujeres le has dado lugar?

Cuando me demuestran cosas, no tengo inconveniente. Pero si no me demuestran nada… Igual que hay muchachos que tampoco me han demostrado nada, y no han entrado.

¿Son tan poco demostrativas las mujeres?

Como los hombres. No es un tema de género. Es un tema de capacidad, de demostración, de perseverancia.

Las cuentas no dan.

Hace miles de años que no vienen dando. Creo que ahora van a ir aumentando.

Lo han logrado con esa lucha que vos definís como de victimización.

Creo que sí, que no está bien eso.

Los pocos espacios que han conquistado los han alcanzado presionando…

Sí, hace poco Peñarol hizo una sesión de Consejo Directivo con once mujeres por primera vez en su historia. Son pasos.

Pasos simbólicos que reconocen que la mujer está relegada.

Sí, por supuesto que se reconoce. ¿Quién no lo va a reconocer? Pero encarar la lucha del futuro desde la victimización es con lo que no estoy de acuerdo. Encarala desde la capacidad, preparate. El otro día vino a Polémica en el Bar una chica que es científica. La charla fue divina.

Esa era guerrera.

¿Y estaba en el GACH, o no?

Y todos los jefes son hombres.

¿A dónde apuntás?

A que para vos parece que el machismo no existe, que es un mito.

Lo que creo es que es un tema de capacidad y no de género. Hay que luchar contra eso, lo venimos arrastrando desde hace muchos años. En Uruguay la mujer no votaba. Ahora hay cuotas de género en los partidos.

Vos no estás de acuerdo con la cuota.

No. Para mí, si tenés capacidad, andá para adentro. Si no, andá para afuera. ¿Imponer que haya mujeres? No.

Que la vicepresidenta sea mujer es parte de esa presión que han llevado adelante las mujeres.

¿Y pensás que Beatriz Argimón no tiene capacidad? Entonces ya está. Vení a mí.

Es de las pocas que en el ambiente político ha llegado a ocupar un lugar.

No. Laura Raffo perdió la intendencia. ¿Quién la ganó? Carolina Cosse. Lucha entre mujeres. El Frente, cuando vio que el Partido Nacional iba con una mujer, dijo que había que hacer lo mismo. Y hasta el día de hoy discuten si estuvo bien elegida o no. No conozco a Graciela Villar, pero de movida hubo algunas declaraciones que muestran que parece que no sumó.

Porque se trataba de qué mujer poner.

Como te guste a vos. Le habrán errado. El Frente sabrá lo que hizo.

Evidentemente no sabe, si perdió.

No sé si no saben. Pero yo vi algunas declaraciones de Villar que a mí me hicieron ruido, que no eran declaraciones componedoras.

¿A vos te hace ruido, que vivís haciendo ruido todo el día con tus declaraciones?

Hay lugares y lugares.

Ella no tiene derecho, vos sí.

¿Pensás que lo que yo digo es para captar votantes? Lo mío es una opinión. Ella sí tiene que captar votantes, en vez de dividir. Cuando ella dice: “oligarquía o pueblo”, automáticamente divide.

Pero vos formas opinión.

Yo podré formar opinión, pero por mí, nadie va a votar al Frente, a los blancos o a los colorados. Ella es un líder político, lo mismo que Argimón o Cosse o esta chica Raffo. Ha habido movimiento. La lucha en la Intendencia fue entre dos mujeres. Todos decían: “Martínez, Martínez”, y salió lejos.

Si no hubiera estado esta lucha que desde hace años están llevando adelante las feministas…

Pero desde la capacidad. Cosse es ingeniera, la Raffo es economista, Argimón es escribana. Desde la capacidad, no desde la victimización.

¿Pero sin esa lucha hubieran llegado?

No lo puedo probar. ¿Vos podés?

No. Pero si miro antes y miro cómo estaban…

Entonces hay que tomarlo como algo recontra positivo. Hoy la realidad es esta, y en esta realidad vamos a darle para adelante, y que las mujeres sientan que tienen las mismas posibilidades que los hombres. Pero que no se victimicen, que no lloren con el “A mí no me ponen”. No seas malo, loco. Conmigo no va.

¿Qué le decís a tu hija?

Que sea feliz. Que lo que haga lo disfrute. Tiene veintidós años. A mi hija y a mis hijos. Hagan lo que hagan, que hagan algo que les llene el alma, porque lo van a hacer mejor y lo van a disfrutar. La vida hay que vivirla para disfrutarla. No como el dicho famoso, “vivir para laburar”. No. Hay que laburar para vivir.

Vos no podés decir eso, si laburás a cara de perro en cosas que no te llenan el alma.

A mí me gusta todo lo que hago y, si no, no lo haría.

A vos te gusta lo que ganás.

Y lo que hago.

¿Qué tiene que ver el periodismo deportivo con Polémica en el Bar?

Me gusta, porque tengo alma confrontativa. Me gusta el humor. Me gusta cargar y que me carguen. Esto es clarito: antes hacía cualquier cosa y trabajé de cosas que no me gustaban. Fui mozo. Trabajé de cadete en una embajada en Tel Aviv. Nunca le saqué el cuerpo a nada. Gracias a Dios, las decisiones que tomé hoy me permiten, dentro de lo que me ofrecen, elegir qué me gusta y que me paguen en forma relativamente relacionada. Me han invitado a relatar la Vuelta Ciclista del Uruguay. Yo anduve en bicicleta, pero no tengo idea. Cada deporte tiene su maña, acá una vez vino un tenista sueco que había ganado un Grand Slam. Me invitaron a relatar en el Lawn Tennis, cuando yo en mi vida agarré una raqueta. ¿Cómo voy a relatar eso? Unos deportes los practiqué, los mamé, los jugué. Otros no, y esas cosas, si no me gustan, no las voy a hacer. Y si me gustan, pero no me pagan en concordancia, tampoco. Hoy. Antes hacía cualquier cosa. Con todo el respeto a los mozos y los cadetes.

Y a los relatores de básquetbol.

Todo, los de fútbol y los de básquetbol.

No relatás ni ciclismo ni tenis pero te ponés a hablar de política en televisión.

Eso es apto para todo el mundo.

Decís que no hablás de lo que no sabés. ¿Qué sabés de política?

Soy un ciudadano de este país. Tengo derecho a opinar, como doña María y don José. No soy especialista. Pero si hay un tipo al que le encontraron un caserón enorme en Piriápolis, como a Balcedo, con autos por todos lados, millones de dólares en las letrinas y animales de todos colores, y después meten en cana por dos años a un tipo que roba una docena de huevos, cuando aquel otro pagó con lo que robó y sigue vivo y coleando. Es nada más que eso. Y me fumé las explicaciones del fiscal y que me dijera todólogo. No me expliques a mí, explicale a la gente. Un tipo afana una docena de huevos y se va dos años al COMCAR. Este afanó lo que no está escrito en la historia y con lo que robó pagó y todavía le sobró. Es un crack, es un fenómeno.

Es de familia de guita.

No seas malo. Aquel día, con el fiscal Díaz, por suerte, gracias a Dios, me di cuenta que estábamos hablando con una autoridad nacional.

Y bajaste un cambio.

Bajé tres. Diez años atrás, volaban las mesas. ¿Y por qué bajé? Porque me dio el instante para reflexionar. Ese día me tenía que ir a La Hora de los Deportes, y me quedé. Hablamos en la tanda. No tuve problema en pedirle disculpas si lo había molestado. ¿Pero por qué? Porque yo no estoy solo en este mundo. Tengo mi familia. Tengo un canal atrás que me respalda. Tengo un grupo de compañeros, con todos los de Polémica, con quienes me llevaré mejor o peor, pero con quienes estamos espalda con espalda. Tengo que defender todo eso. No puedo generarle un problema al canal por una locura que me venga a mí. Volvimos al aire y le dije que no tenía problemas en pedirle disculpas. Y con la misma fuerza que te digo esto que digo, pensé que me iba a pedir disculpas a mí también. Cosa que no hizo.

¿No sos un todólogo?

Qué voy a ser todólogo. Te repito: yo hablo para doña María y don José, para que la gente entienda.

¿Por qué la obsesión con los chinos? Todo el tiempo les das a los chinos.

Porque no les creo en nada.

¿Qué te hicieron los chinos?

Nada. Justamente. Hicieron mucho daño. Hacen mucho daño. Para mí todo esto es una mentira. ¿Y hay que someterse, porque ellos tienen la mercadería y la tienen barata? Así pasa lo que está pasando en el mundo. Y todo el mundo calladito la boca. Hay que someterse, y a mí no me gusta someterme. Me gusta rebelarme.

¿La pandemia es una mentira?

La escondieron.

Denunciaste que los chinos no dejaban entrar a la OMS.

¿Y cuánto tiempo demoraron en dejarlos entrar? Si empezó en diciembre de 2019 y entraron hace un mes. ¿De qué estás hablando? Ese es otro tema, la Organización Mundial de la Salud, haciendo el omelette con Xi Jinping. Una vergüenza. Un día te decían: “Tapaboca sí”, al otro: “Tapaboca no”. Pará, loco. Si los que saben y dominan el tema todos los días te dan una instrucción distinta, ¿qué pasa con los que no sabemos nada? ¿Alguno, en su sano juicio, cree que con mil seiscientos millones de chinos se contagiaron cinco mil personas?

Es difícil de creer.

No seas malo. Millones en el mundo y estos con cinco mil. No la creo.

¿Por qué nadie se anima a hablar de los chinos?

Porque todo el mundo de alguna manera depende de ellos. Los principales clientes de Uruguay hasta hace poco eran Brasil y Estados Unidos. Ahora es China. Todo el mundo pone reversa y nadie va a fondo.

Te das cuenta que criticando a los chinos estás cagando al país, entonces.

Y a mí qué me importa. Yo quiero que la gente viva. Y si estos tipos hicieron algo para matar gente…

¿Qué hicieron para matar gente?

No se puede probar. ¿Esto fue natural, fue armado en un centro de virología? No lo domino. Lo que sé es lo que es: hay más de dos millones de muertos en el mundo y China tuvo cinco mil, con mil seiscientos millones. Chau, que esa no me la discuta nadie.

Estos científicos que entraron ahora dicen que fue natural.

No dijeron que fue natural, dijeron que para saber la verdad van a demorar un montón.

¿Te vacunarías con la vacuna china?

Me vacuno con la que me diga mi médico, como toda la vida. Yo me operé del corazón porque me lo dijo mi médico. Me operé y acá estoy. Después de estar veintitrés horas dormido y hablando con Dios, como estuve yo…

Lo dejaste paspado.

¿Sabés lo que es estar internado veintitrés horas en un CTI en Estados Unidos? Ocho horas duró la operación. Aneurisma de aorta. Fue en julio de 2016, a fin de agosto estaba en el medio del Palacio Peñarol, en el arranque de la Liga de básquetbol, con un foco seguidor iluminándome a mí solo. “Hace un mes estaba hablando con Dios y ahora estoy acá, esto es maravilloso”, pensé. Y a partir de ahí me dije que cada minuto de mi vida es a disfrutar a muerte. Hasta hoy me resuenan las palabras de la nurse que me despertó en Estados Unidos. Todas las noches me sacudía la cabeza la voz de la mujer despertándome, tratando de que yo volviera en mí.

¿Sos religioso?

Soy de religión judía pero tradicionalista, no soy ortodoxo.

¿Vas a la sinagoga?

Voy puntualmente en algunos momentos. El Día del Perdón. Alguna festividad familiar.

¿Cómo vivís estos fenómenos antisemitas que se están dando más que nada en Europa?

Pasa hace seis mil años.

Pero este neonazismo crece y cada vez tiene más fuerza.

Seis mil años. Va a pasar siempre y vos querés que yo lo arregle en un ratito. Hay que estar preparado para combatirlo, nada más.

¿Sentís que acá hay antisemitismo?

En algunos casos sí.

¿Lo viviste, como judío? Vos eras del Barrio Sur.

De judíos, de negros. Para mí decir “negro” es decir “hermano”. Esto que le pasó a Cavani es un absurdo nunca visto. Te voy a contar un cuentito que está bueno. Yo jugué en Atenas, como te dije. El técnico en Atenas juvenil entonces era Víctor Hugo Berardi, que fue uno de los más grandes del Uruguay. Cada tanto se hacía una comida ahí cerca, en la calle Ejido. Víctor me llamaba para que fuera, y yo iba. Había de todo. Negros, blancos, judas. Un día surgió el tema de que no había que decir más “negro” sino “afrodescendiente”. Estábamos comiendo. Uno de los muchachos negros llegó tarde, y otro negro que estaba comiendo le dice: “Buenas noches, señor afrodescendiente”. Dejá… Se reían entre ellos. Unos cracks. A mí cuando me corren con esas cosas…

Reaccionaste como loco con el tema de Petinatti y APU.

Me pareció que el que hace eso es por maldad. Lo que digo es que se quiso entrar por un lado que no corresponde. Te podrá gustar o no lo que dice Peti, pero no es por ahí. Todos sabemos que hay seudónimos, pero no solo entre los judas. El otro día estuvo Valeria Lynch en Polémica, y ella misma dijo cómo se llama. ¿Cómo se llama Traverso? Por ahí no es. Andá por otro lado.

O sea que vos como judío nunca sufriste discriminación.

Depende de cómo te lo tomás. La ofensa es del que la recibe no del que la da. A mí me pasó algo con Damiani que fue muy claro. Un tipo de la alta sociedad uruguaya, presidente de Peñarol, un apellido pesado. Yo tenía una hermosa relación, correcta. Se venían las elecciones de Peñarol. Él después me explicó que pensaba que yo estaba apoyando a otro. Yo no apoyo a nadie, qué me importa. Que gane el mejor. Yo quiero la armonía, ¿entendés? Pero entiendo que cuando hay luchas electorales no todo el mundo piensa igual. Cuando cortamos la comunicación telefónica estaba Etchandi al lado mío, que para mí es una enciclopedia, una biblia. En el momento en que dije: “Chau, Juan Pedro, te quiero mucho”, antes de cortar se le desliza: “Este judío de mierda”. Yo no lo escuché, pero la gente empezó a llamar. A partir de ahí no sé cuántas veces me llamó, deshaciéndose en disculpas. Yo le digo que tuvo suerte de que no lo escuché; porque si lo escucho, lo tengo que destruir. O él a mí. Pero no se la habría podido dejado pasar. “Yo no te escuché. Es lo que la gente dice”. Pero me pidió perdón, me pidió que no lo hundiera con eso. No lo hundí, está todo bien. Se hundió solo, de alguna manera.

Por suerte ese tipo de cosas tienen condena social en Uruguay.

Por supuesto. Pero te repito que el pueblo judío tiene casi seis mil años. Nos han echado de Egipto.

¿Las mujeres no se pueden victimizar y los judíos sí?

No, si cuántos judíos cracks en el mundo hay. Cracks, en todos los rubros que se te ocurra. ¿Qué querés? ¿Ciencia, economía? Elegí. Nos corren hace seis mil años. Desde que se crea el Estado de Israel, en el 48, en cuya creación Uruguay fue clave, se decide en Naciones Unidas que el Imperio Británico ceda ese territorio para hacer dos Estados, uno judío y otro palestino. ¿O no? Y los judíos tiraban cohetes, mientras los otros no conciben, hasta hoy, que exista el Estado de Israel.

Y que cada vez se agarre más territorio.

Y qué querés, si me cagan a bombazos del otro lado. Me defiendo. ¿Por qué no quieren que exista? ¿Si a ellos les dieron su parte, por qué atacan? Tienen su parte, que construyan su país. Pero si me atacás, tomá. Y lógico, no hay otra. Yo no quiero guerra, yo quiero paz.

No se nota.

¿Qué es lo que no se nota? Una guerra es ejército contra ejército. Esto es un ejército contra grupos terroristas.

También Israel tiene sus grupos terroristas.

No, tiene comandos dentro del ejército, que no es lo mismo. Se defienden. Viven para defenderse, hace setenta años. La guerra de la independencia, la guerra de los seis días, la guerra del Yomkippur, la guerra de lo que vos quieras. Vo, te atacan por todos lados. Hay una cosa que es elemental: si a vos no te importan tus hijos, es muy difícil hablar contigo.

Los educás para la guerra, que no va a terminar nunca.

Si a tus hijos les decís que se pongan dinamita por todos lados y que aprieten un botón y se imploten, ¿qué podés hacer? No puedo hacer nada con eso.

¿No tenés que estar desesperado para llegar a decirle a tu hijo que se ponga un cinturón de kamikaze?

¿Por qué, si Naciones Unidas dijo: “Mitad para uno y mitad para el otro? Que cada uno haga su país.

Las resoluciones de Naciones Unidas no las cumple Israel.

Cómo no.

Devolver los territorios ocupados.

¿Qué van a devolver, si los quieren hacer desaparecer del mapa? Y cada vez que agreden, cobran. Tienen el apoyo de Estados Unidos, sí. Como los demás tienen el apoyo de Irán. Israel está rodeado de árabes, loco, y no lo quieren. Punto. No lo quieren. Y en setenta años los ha vacunado a todos, y siguen buscándole.

Sabés que para esa guerra no hay solución.

Por supuesto que no. Pero si te atacan, ¿qué hacés?

Otros judíos en Israel apuntan a la solución pacífica.

Por supuesto.

Pero otros, los ortodoxos, entre ellos Netanyahu, están para desarrollar la violencia.

Pero desde el 48. Yo te hablo de seis mil años. Cuando se decide “mitad para uno, mitad para el otro”, pero el otro dice: “No, yo a vos no te quiero”, ya está, se acabó.

Hay culpa para todos lados. Los palestinos que echaron de las aldeas.

¿Por qué nos los quieren los árabes?

Si te echan medio Buenos Aires para Montevideo, capaz tampoco te gusta.

¿Por qué no los mandan para Santa Fe, Rosario o Córdoba? Si son todos árabes, musulmanes. ¿Vos entendés que hay grupos terroristas ahí? Es desigual. Una guerra es ejército contra ejército, y esto no es ahí. Los que se metieron con ejército, como Egipto y Jordania, ya desistieron y no quieren más, hicieron la paz.

Si tenés un ejército muy superior, no te vas a enfrentar de igual a igual. Vos sos relator de fútbol y sabés que un cuadrito modesto, bien armadito, se mete todo atrás y contragolpea.

Soy provida, como sabés. Pero es muy difícil convivir como Estado cuando todos los días lo que quieren es destruirte. Lo que pasa es que tenés que estar en Israel para entender que ahí lo que importa es sobrevivir un día más.

¿En Gaza no?

Está bien, ¿y quién lo apoya? ¿Por qué no sacan a Hamas?

¿Mandarías a tus hijos a Israel a vivir?

Sí, han ido. Tengo infinidad de amigos e hijos de amigos.

¿Qué pesa más en vos, el uruguayo o el judío?

No, el uruguayo. Son dos cosas distintas. Una cosa es ser uruguayo nacido en esta tierra, y otra es mis abuelos, mis padres, mi formación. Pero yo soy uruguayo tan orgulloso de ser uruguayo como de ser de religión judío. No promulgo que haya que matar a todos los árabes y los palestinos. Yo trabajé con palestinos. En uno de los lugares en que trabajé, al lado mío había un palestino y hablábamos normal. Hay cosas que trascienden fuera de Israel y la región al mundo que no tienen nada que ver con la verdad.

¿Cómo estás viendo al Uruguay de hoy, poscambio?

Es muy difícil analizar cuando hay una pandemia de esta naturaleza. Me pongo en el lugar del presidente. Ligó mal. Estuvo años esperando ser presidente y cuando llega, a la semana, le cae una cosa que no estaba en los planes de nadie. Se están debatiendo como pueden en una tormenta en la que no ya él sino el mundo no sabe a dónde va. Argentina va para un lado, Brasil para otro, Estados Unidos a otro. ¿Qué queda para nosotros, si no saben los cracks?

¿Lo votaste?

Sí.

Tus referentes son Víctor Hugo y Etchandi, que son de izquierda.

Etchandi no es de izquierda, es del Partido Colorado de pura cepa. Ves, ahí tenés otro ejemplo lindo. Es colorado desde el primer día, lo que pasa es que es capaz. Y te voy a decir la verdad. Hacíamos al mediodía un programa en Sport que era extraordinario. Era el partenaire ideal para mí; yo era la locura y él, la paz. “Doctor, dos horas por día usted conmigo acá es una pérdida para el país”, le dije. “Usted tiene que estar en un cargo de gobierno, de deporte”. Un tipo capaz, preparado, con altura en todos los rubros. ¿Podés creer que pasan máximo tres semanas y lo llama el secretario de Tabaré Vázquez?

El Frente lo reconoció.

Para llevarlo a la Secretaría de Deporte. Al punto tal que se fue. Un día me encontré con Tabaré en una reunión que hubo. “Usted me debe una, presidente”, le dije. Me miró. “Me sacó a Etchandi”. “No, Sonsol”, me dijo. “El país precisa gente capaz”. Acá resumo lo que te digo: no importa si es hombre o mujer, ni el partido, ni nada, sino la capacidad. Y Etchandi, que es un colorado de pura cepa, fue convocado por el presidente del Frente Amplio para trabajar en la Secretaría de Deporte. Un crack, de lo mejor que conozco en el Uruguay. Pero despegado. Con Víctor Hugo es otra historia. Lo que me pasa con Víctor Hugo es desde el punto de vista profesional. Lo otro es diferente.

¿Vos no ibas a jugar el fútbol al Batallón Florida, no?

No.

Uruguay es el último país que va a conseguir vacunas, el día que las consiga. ¿A qué lo atribuís?

Lo que he hablado con gente del gobierno es que no quieren ni la más rápida ni la más barata, sino la mejor. Es lo que me han dicho. Te gustará o no. Te pongo el ejemplo de Israel, que es el líder absoluto. Fue a los laboratorios a ver cuánto valía. ¿Vale veinte? “Bien, me vas a usar a mí de conejillo de indias. Te voy a pagar cuarenta en vez de veinte, y con lo que yo voy a hacer le vas a demostrar al mundo que esto sirve”. ¿Qué tenía? Platita fresca guardada para poner ahí, fundamental. Y aparte, once millones de tipos, no mil seiscientos como los chinos. Once millones de los cuales nueve son judíos y dos son árabes. Y todos con los mismos derechos y obligaciones, en una democracia de verdad. ¿Entendiste? No es que vacunaban a los judas y que los árabes se arreglen como puedan. También los árabes tienen que ir al ejército. Pero fue ese el concepto: cuarenta dólares en vez de veinte, y en un rato le mostrás al mundo que esto sirve. Pero ta, hay que tener la guita, los contactos. Y eso es lo que pasó. Si me apurás, lo que hablé con la gente del gobierno acá es que no queremos ni la más rápida ni la más cara, sino la más segura, la que nos asegura que los uruguayos van a estar bien. ¿Demora tres días más, dos semanas menos? Dicen que viene ahora.

Dicen. Están diciendo hace tiempo.

Finales de febrero, principios de marzo. Eso habían dicho. Estamos en la fecha. En julio, si no llegaron, ahí discutimos.

Lo peor es que te van a dar la china después de todo lo que puteaste.

Que me den la que me diga mi médico.

No se va a poder elegir. Lo que quede en la mesa de saldos no va a ser ni lo mejor ni lo más efectivo, sino lo que quede.

Por eso tengo algunas formas de ver a los médicos que…

Que hacen guita.

Que comercializan, más que hacer guita. Hacer guita me parece extraordinario, pero comercializar con la medicina me parece una bajeza. Si viene una mujer y con este remedio que vale doscientos pesos le solucionás lo mismo que con este que vale dos mil quinientos, pero le recomendás el caro, porque la mujer, como vos y como yo, no entiende nada, entonces sos bajo.

Así funciona el sistema.

Conozco gente que lo hace. Lo han hecho conmigo. Son bajos. No le hacen honor a una carrera como la medicina. No están a la altura.

¿Qué conclusión tenés de los quince años de gobierno del Frente?

El país quería un cambio y lo tuvo. Hicieron cosas bien y cosas mal. No es fácil gobernar. Y ser oposición es una papa, criticás todo y nunca tenés culpa de nada.

Es como estar en Polémica en el Bar o ser comentarista de fútbol, es una papa.

Seguramente. Es una papa. Pero hay que llegar a eso, ¿no? Ser oposición es mucho más fácil que gobernar.

En definitiva, sos diplomático. “Cosas bien y cosas mal.” No te la jugás, quedás bien con Dios y con el diablo.

En líneas generales, dentro del Frente hay tipos que me parecen extraordinarios. Otros, no. También dentro de los partidos tradicionales. No es que me pongo las orejeras como los caballos que van para allá y no ven nada. Astori, por ejemplo, es un tipo al que le creo. A Ferreri, a Bergara. Tienen un pensamiento diferente, pero los creo. A otros no les creo.

Vos estabas obsesionado con el tema seguridad.

Lo que pasa es que eso no puede ser. El Frente se quedó en la dictadura, con que milico es mala palabra, y no es así. La autoridad hay que respetarla. Cuando yo era chico venía un policía y todo el mundo duro. Hoy lo cagan a pedradas. Pará, vo.

Ahora fueron presos.

Está bien, pero porque salió todo eso de la LUC… ¡No seas malo!, antes no metían a nadie.

Estos que le pegaron al policía hubieran ido presos igual.

No sé, no lo podemos probar. Les daban a los patrulleros, les daban a todos en cualquier lado. No podían entrar a ciertos barrios.

Te gusta la mano dura para los chorros.

No, a mí me gusta que haya un orden y una autoridad a respetar. Es como pegarle a la maestra. ¿Qué es eso? Cuando yo era chico, me cascaba mi vieja a mí, ahora van las viejas y cascan a la maestra. ¿Qué querés que te diga? Yo veo eso y te digo que no… Veo la policía, las maestras…

¿Cómo se desvirtuó para llegar a esto?

Porque a raíz de la dictadura toda la gente de izquierda vio con malos ojos todo lo que es autoridad.

El malandraje no es de izquierda ni de derecha.

Pero tuvo vía libre.

¿Desde cuándo? Fue creciendo paulatinamente, atravesando todos los gobiernos.

¿Pero cuándo realmente explota?

Con el narco.

Todo incide. Pero hay una realidad que es incontrastable. La autoridad de las Fuerzas Armadas y la Policía no es autoridad para la gente de izquierda. Son contra. Desde el momento en cómo te referís a ellos. Mirá al mundo. No te digo que vayas a Estados Unidos. Andá a Brasil o a Argentina. No te rebelás contra la autoridad como se rebelan acá. Calladitos la boca.

En Francia les dan cada paliza a los milicos. Y en España.

Se están rebelando, sí. ¿Y qué pasa a la larga? La quedan, como tiene que ser. Si no, es una anarquía.

Ves una turba de gente entrando al Capitolio.

Horrible. ¿Y qué pasó? Un desastre.

La autoridad ha perdido valor en todos lados, no es un fenómeno uruguayo.

No digo que lo sea, pero yo vivo acá. Y acá, cuando yo era chico, era inaceptable que pasara esto con un policía o una maestra, que se les pegara. La base de la educación son el hogar y la escuela.

¿Estás a favor de que se despenalice la marihuana?

Creo que está bárbaro regular el consumo.

¿Fumaste marihuana alguna vez?

Algunas veces.

¿Te calmó un poco?

Me generó mucha gracia.

¿Lo serruchaste a Romano, como dice mucha gente?

Esa pregunta que se la hagan a Romano, que empezó conmigo cuando tenía quince años.

Cuando le dieron salida, habló contigo.

Lo fui a buscar yo, pero no por eso, porque yo no sabía lo que venía. Yo empecé con veintisiete. Él, con quince años, de la misma generación que Jokas, por dos lados diferentes se me arrimaron porque querían trabajar conmigo. Estábamos con básquetbol en Universal, en aquella época. Ahí arrancaron los dos, con muchísima perseverancia. Y te pongo un ejemplo, porque esto tiene relación con lo otro. “El equipo está armado, muchachos”, les dije. “Nosotros tenemos un programa que lo grabamos lunes, miércoles y viernes, siete y media de la tarde y va al aire a la medianoche. Lo que les sugiero, para empezar a conocer al equipo, a Ruben Vázquez, a Óscar Avero, a mí y a todos los que componen el equipo, es que empiecen a venir a las grabaciones para ir viendo cómo es esto”. Para que nos escucharan hablar, para que vieran la mecánica del trabajo, porque cada equipo trabaja de una manera distinta. ¿Sabés cuánto tiempo vinieron Romano y Jokas, sin faltar un día? Y no abrían la boca, parados en un costadito. Seis meses. Como siempre ocurre, un día me llama un muchacho que estaba asignado a una cancha, para decirme que se le había complicado en la familia y que no podía ir esa noche al partido. Los llamé a ellos. “Muchachos, llegó la hora. Ya conocen la gimnasia de la transmisión, la mecánica. Hoy van a la cancha. No sé si van a hablar treinta segundos o dos minutos, pero lo que hablen puede ser su futuro. Si andan bien, no saben a dónde llegarán. Si andan mal, ocho horas”. Y así empezaron los dos.

Nadie discute que les abriste las puertas.

Esto fue en el 92, ponele. Cuando abre Tenfield, en el 99, aunque el movimiento ya había empezado en el 97, con Torneos y Competencias, me llama Pedrito Abuchalja, mi amigo, mi hermano, para preguntarme a quién tenía en el equipo que pudiera servir, para cubrir canchas, para hacer esto y lo otro. Le tiré dos o tres nombres: Romano, Jokas y Javier Díaz. Me acuerdo como si fuera ahora. Siguió andando la rueda. Año 99, abre Tenfield, y Romano queda como relator. Trabajó ahí veinte años. La verdad es que trabajar en Tenfield no es para este país, es extraordinario por el lado que lo mires. Lo mismo digo de Canal 10, en mi caso. Todo sirve, todo te da pantalla y parlante, pero hay formas y formas, dinero y dinero, formas de pago y formas de pago. Respaldos. Para hacerla corta: un día surgen los videos de Rodrigo. Cinco, seis, siete de enero. No era más que eso. Estaba con mi hijo comiendo algo una noche y me llegan los videos. Lo llamé, y le pregunté dónde estaba. Me dijo que en la casa de su ex. “No te muevas, voy para ahí”, le dije, y fui con mi hijo. Romano estaba fuera de Tenfield por varios motivos.

¿Cuáles?

La gente piensa que lo sacaron por los videos, pero no fue así. Son temas diferentes. Pero la gente se queda con que a Romano lo sacaron por eso, y yo contra eso no puedo luchar. La justa es que Romano en Tenfield acusaba dolores de todos colores. Que la espalda, que la hernia. Y no iba a laburar. Pasó todo un campeonato en el que hizo dos o tres fechas de quince. Los de Tenfield estaban ayudándolo. Había muerto la madre, le pagaron todo el velorio. Llegó el Mundial de Rusia, 2018. El Mundial es de los canales, no de Tenfield. Yo estoy en Canal 10, conozco a todos los gerentes. Lo llevaron a Romano, pero con un cagazo… Porque no fuera a ser cosa que los dejara tirados en pleno Moscú, con que: “Me duele acá, me duele allá”. Me lo dijo Luis Castro antes de viajar: “Me estoy jugando una parada que no sé cómo termina”. Viajó a Rusia. Un Mundial soñado. No solamente por Uruguay, sino por él, extraordinario. No le dolió nada. Volvió, y arrancó el Campeonato Uruguayo. Ahí sí, arrancó con los dolores. Y ahí sí, el Tano Gutiérrez dijo: “Me estás tomando el pelo, ya está”. Y cuando lo fui a ver el día de los videos, yo no sabía nada. A los dos días me llamó Pedro. “El Tano quiere hablar contigo, Romano está afuera”. Siete, ocho, nueve de enero. No más. “El Tano no se fue con la familia a la playa porque esta noche cierra contigo. Si no cierra contigo hoy, mañana es otro”. Viste que en Tenfield no tienen problema. Si no sos vos hoy, mañana es otro.

Habría otros.

Y si no había, los buscaban, igual te ponían a vos. Hoy es contigo, mañana es otro. Dicho y hecho. Fui a la lo de Pedro, y de lo de Pedro a lo del Tano. Estuvimos hasta las dos de la mañana. Cerrado. “Tano, te agradezco. ¿Romano ya está al tanto de todo esto?”, pregunté. Me dijo que ya había salido un telegrama colacionado. Le dije que me iba a mi casa, que le quería decir a mi mujer, a mis hijos, y que si había que firmar un contrato. “¿Qué le digo a mi mujer? ¿Esto es por un año, hasta fin de diciembre?”. ¿Y sabés lo que me contestó? Que era hasta que me quedara mudo, si hacía las cosas bien. Al otro día, llamé a Romano. Le dije que me acababan de llamar, que ya no estaba más en la empresa, y que yo iba a ser el relator, y que quería que me dijera lo que sabía. Me dijo que no sabía nada. Esta es la verdad más verdadera de todas las verdades. De todo lo demás que se diga, no puedo estar en la calle parando gente. Es verso. A él no lo echaron por los videos. Estaba echado de antes, por todo lo que te acabo de contar. Cada vez que había un campeonato acá, le dolía todo. En cambio, en el Mundial, en la Copa América o la Confederaciones estaba fenómeno. Y el Tano un día dijo: “Basta”.

¿Y cómo quedó tu relación con Romano?

Yo tengo que luchar contra todo esto, al punto tal que un día en el Centenario, un 18 de julio del año pasado, cuando se cumplían años del Estadio, me lo encuentro a Romano. La gente putea. Claro, son veinte años de un monopolio asesino. Frutilla, limón, pajerías. “Romano”, le dije. “Hay una materia que seguramente no te la enseñé bien, o que no la aprendiste bien, pero acá hay algo que no está funcionando y es la gratitud. Vos y yo sabemos que Tenfield no te echó por los videos. Mirame a los ojos y decime si es verdad”. Él sabía por qué lo habían echado. Le dije que entonces, con el próximo tuit en que me putearan, yo quería ver un tuit de él que dijera: “No me nombren más a Alberto Sonsol, porque si no fuera por él yo estaría en una zanja”. Clarito. Le dije que eso es lo quería ver en su Twitter. Y el tuit apareció. “Vos sabés lo que sos para mí”, me dijo. “Pero la gente…”. Y le dije que a la gente hay que pararla. Y lo hizo. Se estaba alimentando de algo que no era verdad, y la gente creía que a él lo habían echado por los videos, entonces estaba esperando que apareciera yo en bolas en un video, y él sabía que no había sido así. Él no aguantaba más a la empresa, no sé si porque se peleó con los jugadores o por qué. No sé, es un tema de él. Así se lo dije, y me dijo que era verdad. Ahora me llevo bien, lo veo. Pero me comí una comida…

¿Tenés otros proyectos, además de todas las porquerías que tenés?

No…

¿Cuánto ganás por mes?

Vivo bien.

Yo quiero vivir como Sonsol. ¿Cómo hago?

Laburá. Disfrutá. Es como me dice mi hijo: “Por algo te llaman, papá”.

Porque no hay nadie que diga tantos disparates juntos. Ahora, como entrevistado, sos flojito.

¿No rendí?

 Te debería haber traído una muestra de la “gloriosa celeste”, capaz eso te entusiasma.

Eso es clave. ¿Cuándo sale esto? Mandame un ejemplar, mandame algo.Tres cosas finales, para que se entienda. La gente joven necesita enfocarse. No podés pasar toda tu vida buscando un objetivo. Hay gente a la que se le va la vida sin encontrarlo. Mi mensaje –si se puede, no es fácil– es que te enfoques; y, una vez que te enfoques, andá atrás de ese objetivo a muerte. Desafiá todo: descanso, novia, amigos, mujeres, familia. No importa. Es clave. Segundo, la perseverancia. Nadie te va a golpear la puerta de tu casa. Y ser buen tipo, normal, sin poses. Yo soy el mismo contigo que en los almuerzos familiares o en la cama con mi mujer. Soy igual. Entonces, no podés fallar, porque sos el mismo.

Le comés la oreja a tu mujer.

La mato… El sábado cumplimos treinta y tres años.

¿Te vas a quedar mudo algún día?

Espero que no. Jamás.