FINAL DE LA CHAMPIONS : Pep y Tuchel ya han ganado (Por Jorge Valdano)

Pep y Tuchel ya han ganado

El City y el Chelsea enfrentan a dos entrenadores que se admiran y que conocen a la perfección la parte ajedrecística del juego

Jorge Valdano EL PAIS ESPAÑA

Del dibujo a la realidad

Al City y al Chelsea les espera la gloria. Dos fortunas frente a frente, dos equipazos de autor, dos entrenadores que lo mismo te juegan un partido moviendo los vasos en una sobremesa, que dibujando en la pizarra las jugadas que se imaginan. Estrategas que se admiran y que conocen a la perfección la parte ajedrecística del juego. Sería apasionante conocer hasta dónde llevaron el análisis en las últimas tres semanas estos monstruos de la razón pura. Estudiaron hasta el más mínimo detalle para no dejarse sorprender y, seguramente, en algún momento se les encendió la luz y descubrieron el pequeño resquicio por donde pueden, a su vez, sorprender. Ese partido ya está jugado y los dos creen haberlo ganado. Pero, a partir de las ocho de la tarde, las fichas empezarán a moverse, a improvisar, a desequilibrar, a cansarse, a equivocarse, a distraerse. Empezarán a jugar. Y el fútbol volverá a ser fútbol.

El legado

Gloria al Atlético, gloria al campeón, que supo sufrir como le gusta a su historia, que supo sobrevivir como le gusta a su entrenador, que supo ganar contradiciendo el himno de Sabina. A cada club le acompaña una cultura y un prejuicio. En el Atlético es aquella pesante definición de pupas la que sigue corriendo por las venas de la institución. Por esa razón, el Atlético es un grande que no acaba de creérselo. En el festejo hubo todo lo que cabe en las explosiones de alegría: felicidad y alivio, pero también un deseo de venganza ante el destino. Sin embargo, tiene una plantilla estelar, una afición devota, un estadio espectacular y diez años de triunfos. Me quedó la percepción de que, en el imaginario, la Liga la ganó Simeone antes que el club. Como si solo el Cholo fuera capaz de ganarle a la fatalidad. Él cambió la historia, pero su gran legado será borrar el viejo trauma.

Conspiraciones por todos lados

Ramos, el dueño de la Selección si nos atenemos a los partidos jugados, se queda sin Eurocopa. No va a la Selección por culpa de la Selección. En la última convocatoria cometió la imprudencia de invitarse, cuando lo razonable hubiera sido aprovechar esos días para recuperarse de su lesión. Sumó partidos que le sirvieron para atacar el récord que le obsesiona, pero como su musculatura no estaba preparada, sufrió una nueva lesión que le impide ahora asistir a la Eurocopa, privando a España de su talento y personalidad. Hasta aquí la versión lógica, demasiado sobria para el territorio emocional del fútbol, que prefiere convertir cada decisión en una trama malvada de los enemigos de nuestro escudo. Estas teorías conspirativas son la prueba de que nuestro punto de vista es una mezcla de lo que vemos, lo que sentimos y lo que imaginamos. Un punto de vista que no es de fiar.

La fuerza de la lógica

En el Villarreal-Manchester el fútbol volvió a votar contra la Superliga. La vieja costumbre de lo imprevisible mantuvo a los neutrales con la boca abierta delante de la televisión, viendo como el equipo representativo de una ciudad de 50.000 habitantes desafiaba, hasta rendirlo, a una multinacional del fútbol. El del Villarreal es un caso de éxito empresarial que supo convivir con los vaivenes del fútbol y que supo entender que el producto no se llama marketing, sino fútbol. Tiene una cantera ejemplar, ficha respetando un estilo, y crece, ni más ni menos, que en la medida de sus posibilidades. La fuerza emocional del fútbol la aprovechó para convertir al Villarreal en un eje social de la ciudad y la provincia y, desde ayer, en un orgullo para España entera. En el Villarreal-Manchester el fútbol volvió a ser imprevisible. O no. No hay nada más previsible que ser premiado por las cosas bien hechas.

FOTO Rockandpop.cl

¿Aún manda la gente?

La Superliga está lejos de ser la mejor solución, pero ha tenido la virtud de hacernos pensar sobre la necesidad de cambios profundos

JORGE VALDANO Diario El Pais España elpais.com

La Superliga y los buenos

El fútbol se ha movido siempre con lentitud. Pero esta vez se aceleró hasta el punto de que este artículo, que la semana pasada se tituló El Real Madrid contra el petróleo, esta semana estuvo a punto de titularse El Real Madrid con el petróleo. Porque el fútbol decidió chocar contra sí mismo. Dos poderes, el de los grandes clubes (con el Madrid al frente) y el de las grandes asociaciones (UEFA y FIFA), frente a frente. No era fácil elegir bando. El aborto del nuevo proyecto volvió a cambiarme la mirada. La Superliga, que se presentó en sociedad subestimando a los aficionados, al espesor cultural del fútbol y a la fuerza de la tradición, al grito de “venimos a salvarlos”, duró 48 horas. Afortunadamente, por fin llegaron los buenos de verdad. ¿Quiénes son? La gente, por supuesto, única dueña del fútbol, que decidió salvarse sola.

Salvavidas inglés

Seamos justos, el freno lo apretó la gente, sí, pero la gente inglesa. Los aficionados y los grandes protagonistas del fútbol español miraron el problema con la distancia del espectador. Una reacción tibia más relacionada con el amor a su equipo que con el amor al fútbol. Los aficionados del Madrid, el Barça o el Atlético pueden no estar de acuerdo con las decisiones de sus clubes, pero entienden que hay algo de traición a la patria en criticarlas y su manera de entender la lealtad es callando. En cambio, en Inglaterra el fútbol es sagrado y defienden su esencia con orgullo de propietario, que por algo son los inventores. Alegatos de líderes de opinión, jugadores y técnicos desafiando a sus propios clubes, aficionados ganando la calle y políticos afilando su instinto para subirse a la ola, se alinearon en son de guerra para defender el fútbol como una cuestión de todos y no solo de algunos.

El fracaso

La Superliga tenía una ambición recaudatoria que no sabemos si era real, porque las grandes plataformas desmienten el optimismo de sus números, y una intención solidaria con los equipos medianos que tampoco sabemos si era auténtica, porque de la mano invisible del mercado solo sabemos que es tan invisible que no existe. Tenía también la intención de realizar un campeonato donde no era necesario el mérito para participar, seguramente porque ignoran que el fútbol es aventura y que no hay aventura sin riesgos. Más aún, la Superliga, tal y como se presentó, traicionaba una idea de Europa que la actual Champions contribuye a vertebrar. Al proyecto, grandioso (como todo lo revolucionario), frágil (como se demostró), improvisado (con un cartel incompleto e invitados de última hora), y antipopular (porque los ricos no lo son), solo le faltaba presentarse en El chiringuito para que fuera tomado como una chirigota. Cuesta creer que algo tan grande tuviera una base tan débil.

Pero seguimos teniendo un problema…

Ahora bien, el fútbol, tal y como lo conocemos, necesita ser repensado con medidas valientes porque los tiempos van en dirección contraria a su conservadurismo. La Superliga no logró un consenso mínimo, de modo que está lejos de ser la mejor solución. Ahora bien, ha tenido la virtud de hacernos pensar sobre la necesidad de cambios profundos y no solo cosméticos. Hay que humanizar los calendarios con menos partidos de las ligas nacionales, hay que fortalecer el espectáculo con medidas que hagan al juego más atractivo y, por qué no, provocar más enfrentamientos entre los grandes clubes de Europa. La fugaz Superliga nos dejó como antes, solo que más divididos. Pero no es momento de pasar facturas, porque es tan necesario un organismo regulatorio como la presencia de los grandes clubes. Hay que bajarse del orgullo y sentarse a negociar pensando en el fútbol. Esto es, hacer lo que hizo la gente en Inglaterra.

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