Risas, ternura y reflexión: “Ay, Berta” se despide…

Risas, ternura y reflexión: “Ay, Berta” se despide…
Con una última función programada para este sábado 17 a las 21 horas en el Centro Cultural de La Paloma, la obra que ganó a todos Ay, Berta se despide del público rochense.
Ay Berta,escrita y protagonizada por Robert Vitancurt y Laura Nuñez, batió récords de asistencia y confirma algo que ya se intuía desde hace tiempo: cuando el teatro conecta con la vida cotidiana, el encuentro es inevitable.
La obra —subtitulada con ironía y lucidez Cómo vivir con un adulto mayor y no morir en el intento— pone en escena la convivencia entre Berta, una viejita entrañable, y su hija. Desde esa premisa simple, el espectáculo despliega una sucesión de situaciones reconocibles, absurdas y profundamente humanas, que hacen reír a carcajadas, emocionan sin golpes bajos y, sobre todo, invitan a reflexionar.
El público se encuentra con una Berta que no es solo un personaje, sino un espejo: la madre, la abuela, la tía, o incluso un posible futuro propio. En ese delicado equilibrio entre humor y sensibilidad, la obra logra hablar del paso del tiempo, de los vínculos familiares, del cansancio y del amor, de la paciencia que se agota y del afecto que siempre vuelve a aparecer.
Robert Vitancurt, quien interpreta a Berta, ha sido una de las claves del fenómeno. En diálogo con ENTRELINEAS, el actor destacó la respuesta del público como uno de los mayores regalos de este proceso. “La gente se ríe, pero también se queda pensando”, señaló, subrayando que muchas personas se acercaron al final de las funciones para compartir experiencias personales vinculadas al cuidado de adultos mayores.
Ese ida y vuelta constante con la audiencia explica, en parte, por qué Ay, Berta no solo se mantuvo en cartel, sino que creció función tras función hasta llegar a esta despedida histórica. La obra no propone respuestas cerradas ni moralejas evidentes; propone, en cambio, mirarnos con honestidad y un poco de humor frente a una realidad que tarde o temprano nos atraviesa a todos.
La última función será una celebración: aplausos largos, emoción compartida y la sensación de haber sido parte de algo más que un espectáculo teatral. Ay, Berta se despide dejando una huella clara en la escena local y confirmando que el teatro, cuando nace del corazón y habla de lo que somos, siempre encuentra su público.



